La jauría humana.
No hace falta ser futbolero para que te diviertas viendo un partido de la Eurocopa. Tampoco hace falta ser patriota para alegrarte infinitamente por la victoria de España, al fin y al cabo son tus congéneres. No es necesario ser español para sumarte a la alegría colectiva y salir a las calles a celebrarlo. Pero hace falta ser un salvaje descerebrado para arruinar la celebración multitudinaria o al menos enturbiarla haciendo uso de la violencia como si fuera un modo más de divertimento. En la Glorieta de Bilbao había ayer cientos de personas, con sus banderas de España y sus vítores, chapoteando en la fuente como si fuera una bañera comunitaria, algunos bailaban, otros como yo se acercaban sólo a mirar, sin involucrarse mucho, las familias se mantenían en un segundo plano y pequeños grupos de jóvenes se divertían cortando el tráfico de los vehículos que circulaban y coreando al unísono estrofas de homenaje al gran equipo.
Al principio la muchachada alocada simplemente balanceaba los coches, o se subía en el capó de manera temeraria aunque aparantemente inofensiva, o todo lo inofensivo que pueda resultar algo así. Pero rápidamente el bulto amorfo e incontenido de la violencia comenzó a extenderse, parecía que podías sentirlo colándose entre la multitud, en sentido envolvente, como una serpiente que va avanzando en zigzag y entonces en manadas cada vez mayores y demenciadas comenzaron a sacudir con fuerza a los coches, emitiendo sonidos guturales que ya nada tenían que ver con las sanas ovaciones iniciales. Se quitaban las empapadas camisetas y sacudían a bocajarro en las lunas, el capó, las puertas o donde atinasen en su alucinamiento litúrgico. El asfalto estaba mojado y refrescaba los pies en medio del axfisiante calor del centro de la urbe, ya pasada la medianoche. El calor perturbador y pegajoso del aglutinamiento.
Sentí miedo, un temor controlado y subliminal, a medio camino entre la sonrisa estúpida y la carcajada nerviosa, pero podía notar la mecha encendida del salvajismo, veía con claridad la delgada línea que separa la celebración desenfrenada de la violencia gratuita, animal e injustificada y sentía cierto estremecimiento en mis estructuras internas. Imaginé cómo me sentiría si fuera dentro de uno de esos coches y de pronto me viera rodeado de un grupo de tarados sudorosos enfervorecidos sacudiendo o pegándole patadas a mi auto sin motivo aparente. ¿Qué coño tiene que ver eso con el sano triunfo de nuestro equipo?
En esos momentos no puedo evitar sentirme ajena y asqueada a esa masa ignorante y asilvestrada que merecerían estar atados de pies y manos con cinta aislante en la boca. Así, los demás podríamos celebrar a nuestras anchas la victoria sin que ningún niñato perturbado nos jodiera la fiesta. Y hoy me ha molestado leer en la prensa, junto a las crónicas del triunfo, las noticias de las hordas aberradas. Producto español.
En fin, yo soy después de esta Eurocopa un poco más futbolera -el amor mueve montañas-, y también más entusiasta con el deporte y con nuestra selección. El orgullo patrio se quedó en la calle flotando en un charco en el suelo, cerca de la fuente. Esta mañana ya se había evaporado en forma de polución.





Anto dijo
Hola Ciberia, pasaba de visita por la coctelera y
me cole en tu espacio, en realidad no sé
ni que decirte a esto fenómeno
del futbol , bueno fenómeno
que es por el dinero que
mueve, increíble la verdad
el cambio de las personas con él,
y en realidad creo que sirve para soltar los
cojones de mas de uno y mientras tanto nadie
se reune para decir nada de las continuas
subidas de las hipotecas de como los
pobres pagamos impuestos de un país de
primera en un país de chapuza, donde
gobierna unos políticos socialistas que
no lo son, solos nos engañan, mientras
nos distraen con el circo de la tele y
del futbol este de los ...para mi el
futb es una mierda y su competición
también, estando las cosas como
estan, es deprimente, un saludo. chao
30 Junio 2008 | 11:27 PM