Esta tarde, mientras compraba en el súper, han sorprendido a un hombre robando. Era un tipo insignificante, bajito, vestido con un chándal de ese tejido ignominioso, el táctel, con una calva a lo Jesús Puente. Por un momento pensé que quizá había robado unas latas de atún Calvo en pack. En escabeche, seguro. El dependiente, un veinteañero simpaticote que tiene una entrega vocacional al oficio que da un poco de miedo, le ha increpado con muy malos modos. Me he puesto roja sin querer. Ha sido porque a veces yo también robo cosas pequeñas, pero claro, nunca en el supermercado donde me abstezco, no sea que me vayan a sorprender con una minucia y me prohíban la entrada. Los ladrones profesionales nunca roban en su barrio, para no disgustar a su madre y para no "dar que hablar". Lo cierto es que no tengo ningún conflicto ético, porque siempre llevo a cabo mis hurtos en gigantes del comercio. Y ya se sabe que "quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón".
Es emocionante la verdad, te proporciona una sensación efímera de poder y placer, como un polvo rápido en en el baño de un garito con un desconocido. Y encima no te despeinas. Cada uno tiene su "modus operandi", yo suelo llevar una bolsa cuadrada en una mano, o bien unas bermudas anchas de grandes y profundos bolsillos. Y casi siempre compro algo pequeño, para despertar menos sospechas. No es que sea estrictamente necesario, pero como disto mucho de ser "Marnie la ladrona" me hace sentir más segura en mi choricez intrínseca.
Cuando estás en otra ciudad te crees que es mucho más fácil, a pesar de ser una estupidez, parece que es más difícil que te pesquen, y si lo hacen tu conciencia seguirá sin mácula, porque lo archivarás como un hecho aislado, alejado de tu rutina y además es casi imposible que vuelvas a visitar el mismo sitio, si puedes evitarlo.
Me acuerdo de la peli de Woddy Allen, "Toma el dinero y corre". La hilarante confusión caligráfica mientras está robando en un banco, o cuando empieza a llover mientras empuñaba una pistola de jabón. Y sus padres avergonzados, prestando declaración con unas gafas y un bigote postizos. Genial.
Ahora heme aquí, liando un canuto mientras tecleo esto, y me doy cuenta de que no tengo mechero. Lástima de estanco abierto, con la buena noche que hace para salir por patas.

CHORIZA!!!
:)
Ole! ahí está! reconociendo los pequeños robos! aunque así empezó Winona Raider, ( era ella la cleptómana?, juas! tengo muy mala memoria ...)
Yo también he robado, pero lo he pasado fatal. Yo creo que me han pillado siempre, pero por no hacerme pasar un mal rato me han dejado ir.
Un saludo Tia! Me ha gustado mucho leerte!
Hala!
Vengo de pasar unos días en la playita y no sabes el buen rollo que me ha dado leer que flotas :D Te lo mereces, bandida.
P.D. En la de Woody Allen casi me muero de risa cuando el tío raja en círculo el escaparate de una joyería ¡y roba el cristal! jajajajaja
Como dijo Sabina... "Es mentira que sea ladrón de bancos, es mentira que no lo vuelva a ser".
Yo nunca he robado nada pero si he mangado. Robar es una pabra mayor, de profesionales. Lo mío siempre ha sido más una gamberrada.
Saludos
Hola Ciberia:))
Curioso e interesante tema éste. Incluso curioso el pararse a pensar qué es robo, qué hurto, qué gamberrada... cuando se habla de las cositas pequeñas que casi todos alguna vez hemos "sustraido"...
Nunca me he llevado nada en elcortinglés, ése clásico en el mundo de las pequeñas sustracciones. Igual porque durante una época iba mucho (era lo único abierto hasta las diez en la zona donde vivo/trabajo, luego llegaron los híper franceses) y porque a esas horas, casi la de cierre a mi llegada, mientras hacían caja a mi salida... se habría notado mucho.
Así que no recuerdo ningún robo. Bueno, lo más parecido, hace unos meses. Me gustó una planta en un híper, pero no tenía etiqueta de precio. Por otras similares, pero de otros colores, rondaría los cuatro, cinco euros a lo sumo. En otras ocasiones, he ido con el producto sin etiqueta y otro etiquetado a caja. Pero, esta vez...
Había otras plantas más baratas. Bastantes a 99 ctms de euro. Así que... terminé quitándole la etiqueta de 99 ctms a dos plantas baratas, cogí otra de tamaño similar a la que me gustaba y le quité la suya, pegué ambas etiquetas "baratas" (una tontería... pero se me ocurrió que al ver dos, no sería sospechoso el bajo precio... como si las cajeras de un híper un sábado a las nueve de la noche se fijaran en esas cosas) y a ese precio me las cobraron...
Como digo, una tontería. Porque si me paro a pensar en la cantidad enorme de plantas moribundas que tienen siempre... qué escrúpulo tan tonto pensar que les estaba robando...
Mirándolo bien, es un robo tan miserable como el del mechero.
Aunque más decorativo.
Besos:))
(Miserable de bajo coste, se entiende, no dicho en plan "qué miserable quien roba un mechero... ó una planta en el auchan...)
:))
De tu comentario, lo que más me hizo pensar es aquello de modificar tus habitos cuendo estas en otro lugar de vacaciones.
A mi hace años, la decrepitud, ya se sabe, me pasaba lo mismo pero en otro estilo.
De vacaciones y en lugares a los que probablemente nunca volveria, he ligado como nunca lo hacía en casa.
Me refiero a ligar, por ligar, sin revolcon posterior.
Vamos creo que en vacaciones era lo que en Cataluña se llama una "escalfabraguetas", y luego en mi circulo habitual mas timida y formal...
¿Alguien lo entiende?
Oye guapa, deja ya de follar y escríbete algo ;-)
Es que esto de chorar algo de vez en vez es un subidón de adrenalina, sin llegar a los extremos de Winona, yo no se que me pasa con los bronceadores que me da tres patadas pagarlos, y con las gafas de sol, así que confieso, que normalmente los distraigo, eso sí, no creo que los megamagazines se resientan de mi hábito, que como bien leo: quien roba a un ladrón ha mil años de perdón.
Lo del mechero da una rabia.... Besazos
Las ranas también mangan. Y hubo una época que también iban a festivales. A Sanse, nunca a Cannes, pero eso es otro anuncio...
Esa descripción del chándal... me ha encantado.
Un Abrazo ¡entre admiraciones!