De órdago.
La resaca de alcohol bloquea los circuitos neuronales, como si se me hubiera borrado el disco duro que albergo en mi cráneo, quedando sólo algunos recuerdos, los más innecesarios y además los pisotea con ímpetu como si hubieran abierto en uno de mis hemisferios una sucursal de El Corral de la Morería, regentada por un ex-luchador de sumo reconvertido a bailaor. Ayer me bebí la pradera de San Isidro, me bebí la terraza del Dos de Mayo, me bebí un concierto inclasificable, me bebí el último garito y llegué a casa con el ilustre honor de ser la última. Nunca tuve vocación de primera de la clase.
No he ido a trabajar en un ejercicio de irresponsabilidad sin precedentes, y ahora Pepito (Grillo) me está abrasando la oreja con muy malos modos. Tengo cosas que hacer, cosas reales y tangibles que puedo posponer o puedo afrontar. Se trata de escoger entre sentirme bien ahora echándome una siesta por ejemplo y expulsar a Pepito (Grillo) con cajas destempladas de mi pabellón auditivo o invitarle a un café y que me sermonee mientras cumplo con mis deberes domésticos.
Hagan sus apuestas.






chipi dijo
Apuesto 500 a que te echas la siesta y te quedas más ancha que larga. Ya tendrás tiempo de hacerte la maleta, suertuda :)
16 Mayo 2008 | 03:12 PM