A las 9.30 del día de mañana, dos hombres altos y con unos cuerpazos de escándalo -la imaginación es libre-, algo sudorosos -pero recién duchados-, probablemente extranjeros -al menos uno de ellos- y presumiblemente solícitos con una chica soltera, llamarán a la puerta de mi apartamento para proceder a instalar un aparato de aire acondicionado que contribuirá a hacerme el verano más llevadero. El aparato (de aire) es gigantesco, tan grande que dentro de él bien pueden caber un lote de vientos variados: algo de cierzo seco, un poco de tramontana, unos aullidos de galerna y en el modo bomba de calor un surtido de alisios, sirocos y solanos. Casi hasta cabe un depósito donde incluir efectos especiales como masas de aire frío, nubes altas y otros fenómenos climatológicos a domicilio. O a Paco Montesdeoca perfectamente plegado. Mi felina dormita ahora sobre la caja de Pandora que alberga al gigante eólico-mecánico.
Me fascinaría chascar los dedos y que las luces se apagaran, o que fueran sensibles a mi estado de ánimo o a la circunstancia. Imaginémonos que llego a acasa acompañada de un apuesto maromo y que la urgencia del amor, mejor dicho del sexo, no nos permite perder el tiempo en tales fruslerías. Mi apartamento inteligente captaría el grado de excitación y bajaría las luces hasta una tonalidad anaranjada, que me hiciera parecer más morena y apetitosa doquiera que se me mirase. Comenzaría a sonar una música melosa, propicia para la carnal ocasión y las paredes esponjarían el aislante de sus entrañas para que mis vecinos no escucharan los sonidos guturales del placer. Soplaría una suave brisa marina con rumor de olas y se ajustaría el grado de humedad.
O para esos domingos en los que lluvia y soledad son una misma cosa, sería fantástico si un viento cálido se colara por los espacios libres, las luces brillaran en modo sol de justicia, e incluso los interruptores y el equipo de música al unísono me ofrecieran un espectáculo audiovisual a domicilio, encendiéndose y apagándose para ofrecer una coreografía doméstica. Quizá también podría intervenir la vitrocerámica, en un aporte de sofisticación. Los azulejos del cuarto de baño se autolimpiarían y los pelos de la gata se acumularían en una sola pelusa, empujados por cierto grado de electricidad estática inteligente.
No me importaría ser una ciborg (de cuerpo perfecto), siempre y cuando el corazón continuase sintiendo y pudiera tener orgasmos.

Buen viento te de el artilugio que tan buenos mozos te instalan¡¡
Pasa buen dia Ciberia.
Hola
Sexo virtual, con un idiota real. Increíblemente maravillado, qué capacidad imaginativa y creativa tienes; la forma en como se conjugan un deseo, en un tiempo, en lo sublime de los resquicios de una existencia femenina…Ojala que para el día llegado a tu imaginación, sólo falle la electricidad de tu casa y que la única vela de la habitación se apague con las gotas de sudor o quizá que los efectos de luces no sea proporcionales a la pasión de tu hombre rambotizado, o mejor aun, que todos los días suceda algo a las 9.30 para poder contar, desde antes, con la pirotecnia de tus ideas, que buen blog. Chaup.
Comenzar el día a las nueve y mediay tener ya toda esa puesta en escena resuelta es un bonus track de la vida, que da pocos, un considerable ahorro, para un individuo cualquiera esto ya supondría horas de producción, haces bien en disfrutarlo con estilo. Y es que esto de la domótica, o sea, dotar de criterio a los electrodomésticos, tiene un reto. Ya que estamos en el siglo XXI, en el tercer milenio, deberíamos resolver de una vez por todas el desarrollo de los climatizadores, definir sus prestaciones, introducir una nueva y revolucionaria función, el comando sunshine, un simple gesto, un interruptor, y nuestro aparato acondicionador introducirá las variables necesarias para optimizar no solo el clima, sino el climax. Un paso de gigante para la apasionantísima historia de amor entre el hombre y la máquina.
¿Miraste si tu nuevo aparato tiene la función sunshine activada?
Desde luego tu texto sí la tiene.
Cuando se te lee la piel me encantas.
Un beso cálido.