Hace un día de mierda, desapacible, gris, a medio camino entre invierno y primavera, con lo peor de cada uno. El país entero tiene resaca, y desde mi puesto de trabajo en la calle ferraz, muy próximo a la sede del Partido Socialista, es más evidente, como si flotaran en el ambiente minúsculas partículas de papeleta electoral y ecos de vítores. Yo tengo un dolor de cabeza exagerado, y eso que ganó el PSOE, partido por el que yo -y un buen puñado de españolitos más- hemos apostado. Claro que todo se puede mejorar, pero mientras escribía mi voto en la papeleta y lo depositaba en la oficina de Correos me repetía: "Virgencita, virgencita, que me quede como estoy". El bipartidismo en este país de la pandereta provoca que o ganes o te jodas vivo. No hay intermedio. IU se ahoga en el fango del voto útil y el partido de Rosa Díez parece que ha encontrado, por el momento, una tabla flotando a la deriva. A ver si alcanza llegar a tierra.

En los últimos dos meses no he terminado un libro entero y comienzo a preocuparme. Abandoné el de Ray Loriga, porque sinceramente me pareció una tontuna según avanzaba, no pasa nada, el protagonista vende droga que hace que pierdas la memoria, folla y se droga él. Resacas de órdago, los mismo hoteles, chicas fáciles y pérdida de recuerdos y, por tanto, de identidad. Está escrito con frases muy cortas, algunas lapidarias, casi parecen titulares publicitarios. Pero la siento vacía, no tiene argumento, al menos hasta la página 70 que es donde lo he abandonado. Un road book, que está muy lejos de la biblia del beat, "En el camino", aunque vagamente me recuerde a él. El otro libro que me leía, "Memorias y aventuras de Arthur Conan Doyle", sí es una buena historia, más que eso, es la apasionante vida del creador de Sherlock Holmes, y no es apto para momentos de apatía vital porque es como una bofetada un día de frío. Era un máquina el tío.

Ahora tengo entre manos un libro de Chuck Palahniuk, titulado "Rant. La vida de un asesino". Es el autor de "El club de la lucha", pero yo soy neófita en su literatura. A ver si lo termino. He comenzado ya la sexta temporada de mi idolatrada "Los Soprano". La cosa está alcanzando un nivel que me tiene boquiabierta, puedo tragarme cuatro episodios de golpe seguidos y sin respiración. No sé si habrá vida después de Los Soprano, y le calculo unos diez días más. Pienso muchas veces en los guionistas de la serie, en cómo debieron de sentirse al ver terminada su obra. Hace tiempo que aparecen en mis sueños los personajes, entremezclándose con mis propias historietas y con la gente real que hay en mi vida, como si ellos también lo fueran. Sé que dentro de unos cuantos años la volveré a ver de nuevo.

Esta tarde toca limpieza de cutis y plancha, y aunque el plan suene a medio camino entre lo marujil y lo fatuo, siento que es necesario limpiar las arrugas de mi cara y eliminar las de mis sábanas, porque ni unas ni otras me hacen feliz, todo lo contrario. La arruga no es bella amigos, es una jodienda.