Hoy he vuelto a ir al cine, sola. Vivo en la calle de los cines así que supongo que es una opción fácil. Aunque no siempre reparamos en las cosas buenas que tenemos cerca, de hecho el azar es caprichoso y es posible que el amor de tu vida viva enfrente de ti y no llegues a darte cuenta porque estés demasiado ocupado imaginando al amor de tu vida, que sería perfecto y moreno porque para eso es una fantasía. Me encanta pasear por esta calle cuando atardece y todo se ilumina con las luces de la ciudad. A esas horas está llena de personas paseando tranquilas porque es fin de semana, con sus sueños y sus furias rodeándoles, de farolas que son como luciérnagas de alumino y vidrio, ciudadanas de bajo consumo, de efluvios de besos y carcajadas de niños, de vahos de alientos ávidos de encontrarse, de escaparates repletos de pasteles de todos los tamaños y colores, con texturas que sirven para sustituir a la mejor textura del mundo que es la que tiene la pasión desmedida. Al menos que yo recuerde.
En un ejercicio de acertada previsión he metido al bolso el paquete de tabaco y un mechero, me he comprado en el chino de debajo de casa una coca-cola zero (el cine es el único sitio donde tomo coca-cola, quién sabe por qué), y me he ido hasta allí paseando con las manos en los bolsillos acariciando el acero frío del juego de llaves inédito que apareció cuando estaba buscando el habitual, que extravié ayer y aún no he conseguido encontrar. Llaves que reemplazan a llaves como un amor reemplaza a otro, y un trabajo y un abrigo y un color de pelo. Las cosas vienen y se van, queda uno mismo.
He mirado la entrada mientras caminaba: fila siete, butaca seis. La sala estaba casi llena y con la cabeza medio agachada me he deslizado hacia mi asiento, he sacado del bolso mi coca-cola y he mirado alrededor mío, sintiéndome al mismo tiempo tan igual y tan distinta a los demás espectadores pero sin importarme lo más mínimo ni lo uno ni lo otro. He cazado al vuelo algunas conversaciones que enseguida he olvidado, he mirado con envidia a algunas parejas de novio besándose o al menos cogidos de la mano y también algunos tamaños gigantes de palomitas y he pensado que este cine tiene unos asientos muy cómodos. Las luces se han apagado y la pantalla me impone el horizonte como un gigantesco rectángulo blanco y rebosante de magia.
No quiero entrar en detalles sobre la película porque al fin y al cabo esto es uun espacio que para regocijo de mi vanidad algunos leen, se titula "Promesas del este" . Sólo diré que cuando los títulos de crédito me han devuelto a la realidad ya no era la misma que entró en el cine, sino alguien mucho mejor y fugazmente enamorada del mafioso ruso al que encarna Viggo Mortensen. La impaciencia por aspirar una bocanada de humo me ha despegado de la butaca, pero a estas horas todavía tengo intensas sacudidas de éxtasis fílmico, ese que sólo se alcanza cuando la historia que has ido a ver te llega hasta el tuétano, te recorre la espina dorsal, deteniéndose en el cuello a darte un beso y finalmente estalla en tu corazón y perdura ahí durante mucho tiempo o para siempre, depende de lo venga después.
Y la lata de coca-cola zero no la he dejado en el reposavasos, la he tirado a una papelera pensando que a la próxima persona que le den mi fila y mi asiento también le gustará creer que ese lugar en el mundo y esa película le estaban esperando, como yo he creído.

Pues estruja ese momento, dilátalo...lavida se compone de esas pequeñas cosas, quien busque grandes cosas, morirá esperando.
Buen domingo:-)
Marina
Cuando alguna vez alguien me pregunte "¿como es que vas solo al cine?
Le plantare este post que has tenido a bien regalarnos.Creo que no hace falta mas,ni mas ni menos..,Perfectamente extrapolado
Ten un domingo precioso
¡Me han entrado unas ganas de ver la película...! Sigue gozando de la historia, porque estoy segura de que no te abandonará en unos cuantos días. Ah! yo me prendé de Viggo Mortensen viendo la saga del señor de los anillos (con esa barbita y esas greñas...)
Feliz tarde! Y gracias por el cuento de los "fuegos" de Galeano. La verdad es que "El libro de los abrazos" es un tesoro!