A veces los temas acerca de los que escribir un post sólo por el simple placer de hacerlo aparecen de pronto, por algo que has visto o leído o vivido y que sufre un proceso de transformación bioverbal en tu mente, resucitando en forma de palabras. De ahí a las teclas sólo lo separan unas cuantas pulsaciones. O unas cuantas clases de pilates y/o aquagym.
Hoy, por ejemplo me he despertado con ganas de ver el apoteósico torso de Iggy Pop, "La Iguana", o el hombre feo de 60 años con el mejor desnudo de cintura para arriba -no he tenido el placer de ver el contrario- del mundo. Sus chocolatinas y que compusiera "Candy" son motivo suficiente para que tuviere ganado el cielo, si existiera.


Llevo unos días con una especie de sobredosis de músculos: voy al gimnasio. Ya se sabe como son estos sitios, que se nutren de diferentes clases de personas: asociaciones de músculos con una cabeza sobre los hombros que les sirve para poco más que las funciones básicas: ver, comer, etc. y cuya ropa favorita suele de ser de ese tejido ignominioso, la lycra de marca y su arco iris repulsivo; un segundo grupúsculo -inferior- de colectivos de músculos más mediocres pero que blandiendo un cerebro intentan equilibrarse, aunque se equivoquen con esas camisetas tres tallas más grandes y llenas de propaganda y por último -yo me considero dentro de este tercer grupo ¡vivan las minorías!- cerebros que buscan desesperadamente sacar a sus músculos del ostracismo por los motivos que sean, generalmente atrofia. Suelen comprar la ropa deportiva en Inditex o similares. Bueno, a veces se mezclan con el segundo grupo en lo que a estética propagandil se refiere.
Los gimnasios son para este tercer grupo auténticos disociadores, como la tan de moda ketamina. Te miras al espejo mientras mueves tus brazos arriba y abajo o das ridículos saltos al son de la espeluznante música y de las órdenes del cabeza de chorlito de turno y piensas: yo no soy esa, yo no soy esa. Pero a los 31 años uno todavía puede y debe sorprenderse de muchas cosas, incluso de sí mismo.
Si tienes, como es mi caso también, la desgracia de apuntarte a un fast food del deporte, esto es, a un gimnasio que forma parte de una cadena y donde se conjugan dos de las cosas que más odio del mundo: deporte y marketing, entonces estás perdido. Cuando entras por la puerta tienes que dejar una gran parte de ti ahí, aguardando. De otro modo no lo resistiría.
Y para colmo, cuando terminas te sientes vergonzantemente orgulloso -qué imbéciles somos- y te miras al espejo a ver si se te nota ya algo de "masa muscular". Luego el músculo rencoroso se venga -en plato frío- y al día siguiente tienes unas agujetas indescriptibles, como si mil recauchutadas vestidas de lycra rosa fucsia te clavaran a la vez las uñas en las piernas.
Por añadir una nota cultureta a mi post entre tanta mancuerna diré que la foto de Iggy Pop es de la fotógrafa Annie Leibovitz , que lleva media vida retratando celebridades y lo hace guai y que fue pareja de Susan Sontag , una escritora a quien admiro mucho desde que conocí su obra en la facultad. (Este último e innecesario apunte sólo es para que se confirme mi pertenencia al último grupo de los arriba citados).
Leer los libros de la una y contemplar las fotografías de la otra por desgracia no me hace ganar masa muscular. La naturaleza es así de insolente.


No voy al gimnasio....Siento perderme esa parte de la cultura.
Pero si quiero decirte algo.De mañana parece que bajas del cielo de las palabras con todo lo mejor.
Muchas gracias por tu comentario,es precioso,
Ni mas ni menos que PRECIOSO
Ten muy buen dia.
Con todo respeto y esperando te guste:
http://www.lacoctelera.com/la-aldea-global/post/2007/10/20/-id-im...-
Un abrazo de oso
El gimnasio y yo no nos llevamos nada bien. Y que conste que lo hemos intentado en muchas ocasiones... Creo que no hay feeling (mi récord de permanencia siempre oscila entre uno y dos meses).
Feliz finde! Uno dos uno dos uno dos uno dos...
Hola Ciberia:))
El romance entre el gimnasio y yo fue breve: dos meses.
Y la verdad es que yo lo inicié con ilusión: fue como conocer a alguien por internet y decidir ir a conocerlo en persona. Me fuí al Decathlom y empecé a elegir mi vestuario (tras constatar que en mi armario no había NADA que sirviese para hacer deporte). Pantalón de chandall celeste, Adidas de piel a juego, camisetas enormes más ó menos combinables, manga larga, manga corta. Pantalón de yoga tobillero. Camisetas de tirante ancho. Zapatillas de ante "Nike" rosa, con adornitos en charol purpurinado (vamos: Barby deportista total). Mochila de loneta lila...
Pero... no sé, algo no acabó de cuajar. Los veinte minutos de bici estática me pusieron pantorrillas de ciclista. Conseguí tener agujetas en sitios que no sabía ni que tenía músculos. Comprobé mi incapacidad para hacer abdominales en el suelo.
Me aburrí. Me aburrí. Me aburrí.
A medio día, no iba casi nadie. Dos chavales que se preparaban para la policía. Algún día, una chica con Mp3 que es como si no fuese de este mundo. Y el dueño: un sesentón con quien no se me ocurría (!!!a mí!!!) de qué hablar. Y que, encima, era del pueblo al que se había ido a vivir mi ex... y, claro, no podía mencionarlo...
Cuando fuí a pagar la cuota mensual de julio y me encontré con que, ese día, viernes, no abrirían... lo nuestro se deterioró de forma inexorable. Tan inexorable que no volví, vamos...
Ahora, me limito a ver los especímenes que describes al otro lado de los escaparates de otro gimnasio, que tengo cerca de casa... y que tiene enormes escaparates puesto que fue una mega-tienda de muebles en los 70'
Y mi "ex-gimnasio" es ahora un "todo a poco dinero chino".
Y qué comodas las deportivas de piel celeste, que las llevo ahora mismo puestas...
Besos:))
me alegro te gustara la cancion
Aqui tampoco estan aun las castañeras,las vi en Pamplona.
Ten buena tarde.