Me cuesta empezar a escribir este post, pero al mismo tiempo me apetece hacerlo. Me cuesta decidirme qué quiero hacer con mis días libres, pero evidentemente me quiero ir a “alguna parte”. Me cuesta comprar comida pero, me apetezca o no, hay que comer para vivir.¿Es así porque es agosto y yo un ser humano típico o hay algo más que no logro descifrar en este comportamiento disperso?

Acabo de leer El País y me he encontrado con un montón de sucesos tristes. El que más me ha llegado ha sido el de un accidente de autobús en Jaén. No linkeo porque me da nosequé poner un enlace a una noticia así, tan triste. Ayer hice en uno el trayecto de regreso a Madriz, después de pasar el fin de semana en mi tierra. Volví a tener un viaje fantástico, con mi ipod, mi somnolencia y el paisaje a través del cristal. Los parques eólicos provocan en mí el mismo efecto que el myolastán. Me relajan.

Luego están los postes de luz, con esos hilos interminables. Mirándolos me imaginé de pronto que vivía en una playa remota, con un mar de color aguamarina, rodeada de cangrejos como yo. Me vi a mi misma en la parte de atrás de la casa, de cal blanca, con unas ventanitas de madera pintadas de rojo. Muy a lo “Lucía y el sexo”. Había unas cuerdas de tender muy largas, como los hilos de la luz y unas enormes sábanas blancas se secaban, mecidas por el viento. También el viento agitaba el mar y mi pelo, que era largo. Hace años que no llevo el pelo largo. Estaba sola, morena y era feliz.

Me encantaría ser como Nostradamus y que eso es vez de una fantasía fuese una visión de futuro. Lo cierto es que lo único seguro que tengo en mi vida, a día de hoy, es que me voy a ir a ver mundo, así que tal vez no sea tan difícil. De las sábanas colgadas podría prescindir, porque había muchas y todo indicaba que las tendí yo.

Ayer puse la tele por primera vez desde hace mucho, salvo para ver mis series de cabecera y alguna película y me encontré con una sorpresa. Un anuncio divertido, muy divertido, de hecho. Así que para contrarrestar las tristezas que han acaecido hoy, aquí está.

Cambiando de tema –no sé por qué lo digo, todo el texto es un batiburrillo-, ayer fue el día de máximo esplendor de las Perseidas o “Lágrimas de San Lorenzo” ¿por qué las llaman así? Me encantaría decir que me desperté a ver como el cielo se llenaba de meteoritos, pero no. Dormí diez horas como diez soles. Para una noche que algo brilla más intensamente que mis ojos beodos y yo como un lirón.

Acabo de releer lo escrito y le encuentro a todo una textura agostada. En fin, es la época, supongo.