Ayer vi una exposición en la Casa de América: ESPECTACULAR DE LUCHA LIBRE. Es de una fotógrafa mexicana, Lourdes Grobet, y a las 130 imágenes acompaña un documental impresionante, que gira en torno a los luchadores enmascarados. Aparte de la estética, que es fascinante, me pareció haber descubierto un mundo nuevo.
El folklore de un pueblo: tradiciones heredadas, no impuestas, de padres a hijos, viene del pasado, y más allá de la pura lucha -qué brutos madre mía- está el ritual en que se ve envuelta la lucha, que al menos a mí me dejó boquiabierta. Ver la foto de familia de un enmascarado con traje de superhéroe, sentado junto a su mujer y su hijo en un salón de decoración imposible y mirando a cámara con desafío, dignidad y orgullo.
Tiene ese regusto kitsch que me atrae en lo visual, y sobre todo, en lo personal. Mirado a través de mis ojos un luchador mexicano parece un superhéroe de coña, en cierta manera. Con todos mis respetos, claro. Pero hay toda una tradición ancestral alrededor, y una comunión total con el público que va a descargar su adrenalina y sus problemas -México no es jauja-, y que adora a sus ídolos en mallas. Y ellos on esos nombres insuperables: EL SANTO, PANTERITA DEL RING, BLUE DEMON, EL HALCÓN, SATÁNICO... y las secuelas: EL HIJO DEL SANTO, BLUE DEMON JR...
También está el halo de misterio que los envuelve. Según leí, El Santo nunca se quitó la máscara, y una vez dijo: el día que me la quita, moriré. Parece que una vez retirado, en un programa de televisión -este luchador hizo un montón de pelis y de series de televisión-, se descubrió la mitad de la cara. A la semana se murió.
Y luego esa abuela mexicana, no recuerdo el nombre, que le siguió a él en especial, siempre en primera fila, y a otros muchos luchadores durante 50 años. El Santo la besa al final d un combate con respeto y ternura. En otra aparece fotografiada descubriendo el rostro en un combate. Ella, la señora.
También hay mujeres luchadoras, familias luchadoras y luchadores homosexuales, que claro, lo tiene bien fácil para sacar a escena unos modelitos llenos de brillos y lentejuelas. Denostados por los auténticos, claro.
Si alguna vez voy a Mexico, iré a la lucha libre, eso seguro. Y me pienso comprar una máscara. Ya veré cuándo la uso.


Me encanta la lucha libre jeje. Los sábasdos por la noche en Cuatro.
Un saludo